Arlt
Eugenio aceptó la invitación de la mujer de su amigo. Era domingo, el amigo se había ido a hacer horas extras. Ella estaba sola.
Leonilda le da a Eugenio una copita de licor. Lo ha provocado desde que entró.
"-Él se va, ¿entiende? Y me deja sola, un domingo. Porque hay que trabajar un domingo, ¿eh?
-¿Y usted qué hace, no tiene amigas?
-Sí, pero están casadas, con chicos, tienen que hacer sus cosas, y si me voy con una amiga encima tengo que escucharle sus problemas, no.
-¿Y por qué no lee un libro?
-No, ¡un libro, imagínese! A mí me aburren los libros, revistas sí leo, me gustan las de las vidas de los artistas. Mire, viajan, conocen gente, no se aburren nunca...Me gusta la vida de los artistas.
-Si supiera la cantidad de esa gente que me dice lo contrario...
(...)
-Usted, Leonilda, mezclado con su seducción, me ha dado el mejor antídoto para el placer: la lástima".
Leonilda le da a Eugenio una copita de licor. Lo ha provocado desde que entró.
"-Él se va, ¿entiende? Y me deja sola, un domingo. Porque hay que trabajar un domingo, ¿eh?
-¿Y usted qué hace, no tiene amigas?
-Sí, pero están casadas, con chicos, tienen que hacer sus cosas, y si me voy con una amiga encima tengo que escucharle sus problemas, no.
-¿Y por qué no lee un libro?
-No, ¡un libro, imagínese! A mí me aburren los libros, revistas sí leo, me gustan las de las vidas de los artistas. Mire, viajan, conocen gente, no se aburren nunca...Me gusta la vida de los artistas.
-Si supiera la cantidad de esa gente que me dice lo contrario...
(...)
-Usted, Leonilda, mezclado con su seducción, me ha dado el mejor antídoto para el placer: la lástima".

0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada
Suscribirse a Enviar comentarios [Atom]
<< Página principal